
Recordamos que hace 200 años en la llamada Revolución de Mayo, comienza un proceso histórico que resultó en la ruptura de los lazos coloniales con España en 1810 y habilitó el camino hacia la independencia del país, el 9 de julio de 1816. Así, el 22 de mayo de 1810, luego de que llegara la noticia de la caída de la corona española en manos de franceses, los criollos convocaron a un Cabildo Abierto que tuvo que ser aceptado por el Virrey Cisneros, representante de España en el país. Luego de cuatro días de debates y revueltas, se tomó la decisión de conformar una Junta criolla que asumiera el Gobierno de la Nación hasta tanto la Corona Española fuese liberada de la dominación francesa.

¿Cómo eran la moda y la vida cotidiana, para las mujeres en ese momento?
La moda española mandaba en Río de la Plata, nos llegaba tamizada con algunos toques parisinos ya que los Borbones reinaban en España.
Sin embargo por la distancia geográfica y la organización social de Buenos Aires , no solo se empobrecía la moda recibida, sino que también le agregaba cierto toque de pacatería.
El ideal social acorde con la realidad política y social, impedía a las porteñas afirmar su condición femenina a través de la ropa.
Incluso las mujeres de clase alta tenían muy pocos vestidos que eran heredados de madres a hijas, por lo tanto su afirmación personal se producía a través de la coquetería y los modales.
En el Río de la Plata la vestimenta no estaba asociada al prestigio de clases y no se la consideraba como una inversión atractiva, algo que no ocurría por ejemplo con la plata.
Según las crónicas de la época las mujeres sabían cortar y coser a la perfección.
El guardarropas estaba compuesto por:
El traje de origen español, formado por faldas largas y anchas que cubrían enaguas confeccionadas según la condición social en lienzo blanco o adornado por gran cantidad de puntillas. Sobre una camisa de lino con encajes con corpiño o chaleco, se colocaba una chupa o jubón que ajustado en la cintura, caía 10 cm sobre las caderas y tenía mangas angostas y largas.
Todas las mujeres salían de su casa cubriendo sus cabezas con mantillas, que según la tela con la que se confeccionaba indicaba su condición social.
Para sostenerla no se empleaban broches ni alfileres, se dejaban caer sutilmente sobre el pecho para sujetarla con el abanico en un verdadero ejercicio de seducción.
Para ir a misa el vestido era estrictamente negro acompañado por medias de seda y zapatos blancos.
(FUENTE: Historia de la moda argentina. Susana Saulquin)
Es complicado representarnos la imagen de sí mismas que tendrían estas mujeres, las de clases acomodadas no se desnudaban ni siquiera delante de sus maridos.
La vida social:
A los porteños les gustaba ir al teatro y asistir en bailes, en los que se escuchaban valses y minuetos.

Se reunían con amigos de toda la vida, vecinos y forasteros en tertulias, discutíendo de política hasta las once de la noche. Los historiadores cuentan que la Revolución de Mayo se gesto en estos encuentros. Fué en uno de ellos, en la casa de Mariquita Sanchez de Thompson donde se canto por primera vez el Himno Nacional Argentino.

Con una versión más actual podemos imaginarnos como se verían las cosas por esos días.